Día Internacional de Lucha contra todas las formas de Violencia sobre la Mujer

Hoy es un día para reflexión – todos los días deberían serlo – sobre la violencia cometida hacia las mujeres en todo el mundo. Como Iglesia Metodista en el Uruguay NO podemos estar ajenos a esta problemática, al contrario, debemos denunciarla. En el día de hoy invitamos a la reflexión (a partir de cada realidad local) y a la oración por todas las mujeres que son víctimas de violencia.

El texto, adjunto, intenta presentar el problema, motivar la reflexión y desafiar a la acción.

 

Rev. Inés Simeone
Presidente de la Iglesia Metodista en el Uruguay

Sra. Gladys Cuña y Sra. Marta Saez
Coordinadoras del grupo superación a la violencia de la IMU

 

 

La violencia nuestra de cada día

¿Qué es violencia?

La violencia es definida (según Galles y Strauss) como una intervención o un acto empleado con el fin de hacer daño o de humillar a otra persona. La violencia es la intención de una persona de usar la fuerza física y/o verbal para manifestar el deseo de poner fin a un conflicto. La violencia está presente dentro de la relación de dominio de un individuo hacia otro, empleando medios sutiles y/o evidentes para conseguir la apatía y anulación del otro.

La violencia se puede dar tanto entre personas como entre grupos o pueblos y desde lo cultural, político, económico y/o social.

Las muertes provocadas por violencia doméstica – aquella que se sufre entre los miembros de un mismo grupo familiar, en casa – ¡son muchas! Los daños físicos y psíquicos, incontables, las mujeres, los niños y niñas son las víctimas más frecuentes. Los números de casos de violencia doméstica en nuestro país aumentan a cada año.

 

¡Otra mujer muere por violencia doméstica!… así dicen los títulos de nuestros diarios…

Por otro lado escuchamos voces que comentan:

– Cuando el papá, de mi nene de 2 años, me pega, el nene me pide “upa”… es como si me quisiera defender…

-Y yo tengo miedo, ¡mucho miedo! De que me lastime…

– Tengo 27 años y ya dejé 5 hijos con mi vieja…

– La pasta base me está matando…

-¿Qué vas a ser cuando seas grande?… ¡Chorro! Como mi papá….

 

Estas frases, que parecen sueltas, son testimonios de vida de gente que vive en Montevideo, que circula (o vive) en nuestras calles. Los testimonios, sin nombres ni apellidos, son algunos de los muchos que escuchamos. Todos ellos contienen algún tipo de violencia. Violencia vivida a cada día, muchas veces escondida, casi nunca mencionada.

La Pastoral de la Mujer de la Iglesia Metodista en el Uruguay, conciente, desafiada y sensible a esta situación, ha venido trabajando – por medio de encuentros y talleres – el tema de la violencia doméstica.

Un grupo de mujeres lideres se está organizando y formando para trabajar en las comunidades locales el tema. Ellas se proponen a desafiar y motivar otras mujeres desde la perspectiva de la vida abundante, del valor de la vida, del rescate de la auto-estima y de la promoción humana.

¿Cuáles son los objetivos del trabajo?

  • – Ayudar a la toma de conciencia de que la violencia doméstica no está sólo en los diarios y noticieros de la TV. ¡Está también muy cerca, cuando no, dentro de nuestras propias casas!
  • – Capacitar para enfrentar esa realidad y así, preparase para superarla.
  • – Anunciar que la Vida buena, la vida plena, la armonía de relaciones entre las criaturas es posible.
  • – Provocar la toma de conciencia de que cada mujer (como también cada hombre) puede ser sujeto de su propia historia y cambiar lo que la violenta.

Obviamente que trabajamos todo esto desde nuestra fe. Como cristianas/os afirmamos que Jesucristo rescató el valor de las mujeres, en un tiempo en el cual no se las valoraba, rompió así con viejos mitos y costumbres, y propuso un Reino de justicia e igualdad, tanto para ellos como para ellas. Cuando hablamos (en el discurso y en la acción) de justicia, igualdad y amor, la violencia no tiene lugar.

Las preguntas que nos hacemos y provocamos a que se hagan en las comunidades son:

  1.  ¿Como viven las mujeres en nuestra comunidad, nuestro barrio, nuestra ciudad, nuestro país?
  2.  ¿Como se da la relación entre hombre-mujer en la familia, en la Iglesia, en nuestra ciudad?
  3. ¿Hay violencia doméstica?
  4. Si la hay: ¿Cómo se puede cambiar la realidad presentada, no olvidando que Jesús rompió con viejos mitos y costumbres?
  5. ¿Como puede la comunidad comprometerse para cambiar la realidad en la que viven muchas mujeres, proclamando y promoviendo las relaciones armoniosas y justas entre hombres y mujeres?

En medio a la constante tensión entre la misión de anunciar la Buena Noticia de Jesucristo – que ofrece la vida plena- y la realidad en la cuál vivimos – de violencia en aumento – debemos resistir a la tentación de “omisión” e insistir en el compromiso de “la acción”. Conocer la realidad, denunciarla, actuar en la comunidad y luchar para vencer este mal es el gran desafío. Participar de una comunidad de mujeres y hombres viviendo la paz es el sueño a construir. ¡En unidad!

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