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Las madres estrategas

“Dejen a los niños venir a mí y no se lo impidan, porque de ellos es el Reino de los cielos”

Mateo 19:13-15

“Cuando asistas a las hebreas en sus partos observen el sexo, si es varón mátenlo, si es hija déjenla vivir.”

Éxodo 1:1- 22

Este es uno de los pasajes más dramáticos y duros del antiguo Testamento, pero paradójicamente, es uno de los relatos más esperanzados y fermentales de la Revelación Escrita y nada menos que un mito fundacional del pueblo hebreo.

Encontramos a un pueblo esclavo de los egipcios, sometidos a la dura servidumbre que surge del temor de los opresores. Los egipcios veían que esta gente era tan fuerte que a pesar de los duros trabajos, se multiplicaban y se organizaban. Crecían como pueblo y como querían retenerlos, multiplicaron las cargas. No sólo trabajo, sino también impuestos. No sólo producir, sino también edificar los graneros para guardar. El máximo rigor. Que no les quede nada, que no se puedan ir. Pero la resistencia seguía y contra toda esperanza, seguían teniendo hijos.

Entonces el rey ataca el último bastión: el vientre productivo de esas madres. Y recurre a las parteras, las recordadas Sifra y Fúa. La orden es brutal: matar los hijos. O sea, eliminar el nombre, la familia y dejar sólo las mujeres para servidumbre.

Muchas veces, tiramos estos hechos a lo recóndito de la Historia, asunto de faraones, de reyes bárbaros. Pero no, es una metodología de control y eliminación genocida que se usa hasta el día de hoy.

Hace un tiempo, cuando estuve en Ruanda en 1994, recibí los testimonios de madres respecto al genocidio ordenado por el gobierno dictatorial de los Hutus, que tenía como principal objetivo madres y niños tutsis. Y también escuché muchas historias de madres tutsis que protegían a sus hijos entregándolos a madres Hutus que los recibían, arriesgando su vida para salvarlos.
La maternidad agredida es una realidad todavía muy fuerte desde muchas dimensiones sociales: pobreza, maternidad adolescente, abortos de gran riesgo, falta de programas educativos, drogas, madres agredidas por exilio o la desaparición de sus hijos, por el secuestro y la violación, o por el reclutamiento de sus niños/as. Todos estos factores matan niños, niñas y adolescentes cada día. Y lo debemos tener muy en cuenta. Pero hoy, día de la madre, vamos a explorar el lado de la esperanza.

La historia de Éxodo nos cuenta que el faraón les habló a las parteras y obviamente, confió en su autoridad sobre ellas y en su obediencia. Quizás, subestimó la fuerza espiritual de este pueblo, como pueblo de Dios, o quizás subestimó la fidelidad de esas mujeres a la vida nueva, a su estrategia por defender la vida de las crías, arriesgando su propia vida.

La palabra madre y partera son palabras muy antiguas, consideradas primordiales en el lenguaje humano. Matrem, en latín; meter, en griego; mátar en sánscrito; mair en armenio. Viejas lenguas, orígen de las más recientes pero de significados muy profundos: matriz, identidad, pertenencia, madriguera (contenedora), lugar de refugio de la hembra para tener su cría. Todo esto es madre y partera. Todo esto expresa, no solamente el hecho biológico como tal, sino también el instinto de crear y recrear y sostener la vida, especialmente la vida frágil o amenazada. La sabiduría popular dice que las madres siempre quieren y defienden más a los hijos con problemas.

Se considera que la acepción moderna del concepto madre-hijo es de carácter social y económico, y tiene relación con la maternidad individual, que no toma en cuenta el sentido colectivo de la maternidad ancestral, de la comunidad humana desde la horda, maternidad colectiva que aún se practica en muchas partes del mundo.

En la actitud de las parteras triunfó el instinto de vida, el ser sujetos del destino de su pueblo, el ansia de cuidar las nuevas generaciones, o sea, la esperanza. En momentos en los que falta la esperanza, la gente joven no quiere tener hijos (como pasó en varias naciones de Europa en los setenta y ochenta, dados los graves problemas sociopolíticos, como ser: la amenaza nuclear, el consumismo y la droga).

“Las hebreas son robustas”, decían las parteras. En realidad, las mujeres hebreas estaban siendo la resistencia del pueblo, y de sus hijos saldría quien habría de iniciar el camino de la liberación, Moisés. Una reafirmación de la maternidad colectiva que trasciende todas limitaciones de clase, raza y aún el miedo. Las parteras se vuelven unas estrategas en el plan de salvación de Dios para su nación.

Hoy celebramos la maternidad comunitaria, social, compartida, de todas y todos los que defendemos, alimentamos y sostenemos la vida. De todos los que vemos en los niños (sean nuestros o de otros), el signo, de nuevos tiempos que quizás no veamos, pero que debemos seguir construyendo día a día.

Jesús puso a los niños como ciudadanos del Reino, por dos grandes razones: el Reino es lo venidero y en estos niños descansa la esperanza de un mundo de amor, de paz y de justicia. Y también porque él ya había tomado la figura del niño para representar a los que necesitan del cuidado del otro: los pequeños, los desvalidos, los pobres, aquellos que recibirán la bienaventuranza. Y cuando recibe a los niños, expresa esa ternura que no es de padre o madre, sino de toda persona que ama la vida y que se enfrenta al desafío de recibirla y cuidarla.

Ser maternal es un desafío y una vocación. Muchas veces, es presentado bajo la imagen sacrificial, virtuosa, pura, negadora de sí misma que es casi una caricatura de esa consagración. Pero esto responde a otras filosofías y teologías.

Hoy celebramos y es justo hacerlo, la maternidad origen, la maternidad que recibe, educa, promueve, consuela, defiende. La maternidad que como en el caso de las parteras, le hace más caso a Dios que a los poderes humanos. La maternidad cómplice en favor de la vida. La maternidad estratégica que ante la amenaza no se rinde. La maternidad social y comunitaria, compartida en el dar y recibir amor, alimento y educación. También en todo esto celebramos el misterio de Dios, que es la vida contra todo cálculo, la vida cuando no parece posible y para la cual Dios llama a la pareja humana a ser uno.

Y me gusta terminar con la preciosa cita de una hermana que ya no está con nosotros, Corina, que dice:

“No son solamente los padres, papá y mamá, quienes nos dieron la vida, sino también la voluntad suprema, quien tejió mi ser en lo secreto de mi madre, y quien me hizo abrir los ojos para ver la luz, los bendijo a ellos con el fruto del amor divino.”

Dios tejió en lo secreto del vientre de mi madre la maternidad (desde esa visión espiritual que se alimenta en la fe en un Dios Creador de todo el Universo y creador diario de la vida en el milagro de la maternidad) y lo sigue haciendo en cada niño que nace y que debemos reconocer, cuidar y preservar como un signo del Reino de justicia de Dios.

Que Dios nos acompañe y nos bendiga.

Pastora Araceli Ezzatti

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