¿Qué es la Cuaresma?

El vocablo proviene del latín quadragesima (dies) (día cuadragésimo), en referencia a los cuarenta días y cuarenta noches de ayuno de Jesús en el desierto (Mateo 4.2).

Mateo 4:2-4 (RVR1960)

Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre.

Y vino a él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan.

El respondió y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.

La institución de la cuaresma se remonta a los primeros siglos del cristianismo, y las formas de su observancia fueron variando con el tiempo, debilitándose progresivamente el rigor del ayuno y abstinencia (todos los días, algunos días; ninguna comida, alguna, comida y tipos de alimentos, etc.). Hoy es prácticamente inexistente la práctica cuaresmal, no quedando más que el símbolo de los colores morados en la liturgia, los textos bíblicos para la reflexión y un poco de espíritu de meditación en contados cristianos.

Es prácticamente inexistente en los ámbitos evangélicos, aunque en las iglesias del protestantismo histórico sí se valora, aunque de modo distinto al de los espacios católico-romanos.

La cuaresma empieza el miércoles de ceniza (1 de marzo este año) y termina en el día “cuadragésimo”, o sea, al inicio del día de pascua (16 de abril en el 2017).

Severino J. Croatto, en Encuentros Exegéticos-Homiléticos del ISEDET, EEH N° 23, febr. 2002, p.7. Adapt. por GBH.

 

COMPRENSIÓN EVANGÉLICA DE LA CUARESMA

En una comprensión evangélica y valoradora de la liturgia como pedagogía comunitaria de la fe, podemos destacar los siguientes aspectos positivos de las celebraciones de la Cuaresma:

Es un buen tiempo de preparación, renovación o retiro para marcar en el candelario estos hechos centrales de nuestra fe, y para registrarlos en nuestras conciencias y sentimientos. Destacamos el sentido de la ofrenda de amor que hace Jesucristo entregando su vida por todos nosotros y la confirmación del Padre en la resurrección.

La cuaresma y especialmente la Semana Santa son oportunidades para el encuentro de toda la iglesia. El domingo de Resurrección es una celebración frecuentemente más concurrida entre nosotros. En algunos casos hacemos cultos especiales o convocatorias distritales.

Y es también un tiempo potencialmente evangelizador, en la medida en que no nos encerremos en unas celebraciones rutinarias y poco significativas para la vida actual en nuestros propios contextos, dependiendo si se trata de una iglesia “barrial” o “de centro”.

Festejamos la entrega de nuestras propias vidas: “conocemos lo que es el amor porque Jesucristo dio su vida por nosotros; así también, nosotros debemos dar la vida por nuestros hermanos”

1 Juan 3:16 (RVR1960)

16 En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos.

 En ese sentido este es un tiempo propicio para opciones de vida y determinaciones liberadoras, y también momento de revisión pastoral.

Insistimos en la importancia de una liturgia inclusiva y participativa, con tiempos dedicados a la revisión de la vida pero también al abrazo de la paz o al saludo festivo; combinando la gratitud y la intercesión, la reflexión y el gesto significativo, el canto y el silencio, el ver y el escuchar.

Laura D’Angiola y Guido Bello, desde la congregación metodista de Temperley, Buenos Aires Sur – Argentina

Categorías: Reflexiones

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