La parábola del Buen Samaritano
Evangelio según Lucas 10: 25-37. La parábola del Buen Samaritano nos recuerda que, así como los fariseos desconocían a su prójimo, también nosotros desconocemos al nuestro. Pero Dios Padre nos ama, y a pesar de todo, nos ofrece oportunidades a cada paso para descubrir a nuestro prójimo y actuar en consecuencia. Nos pide que estemos dispuestos a actuar, a escuchar, a tener un gesto, una palabra, pequeñas acciones que, en el momento oportuno, pueden significar una gran diferencia para ambas partes.
No se nos pide que cambiemos el mundo, se nos pide que amemos a nuestro prójimo, que no demos un rodeo para evitar complicaciones, que contemos unos con otros, que utilicemos nuestros dones para fortalecernos y encaminarnos juntos al Reino. Hermanos y hermanas, hemos estado en los zapatos de todos los personajes de esta parábola, y lo seguiremos haciendo mientras estemos en este mundo, porque nuestra naturaleza es imperfecta.
Esforcémonos entonces en estar en la piel del samaritano, sin esperar más recompensa que saber que solo repartimos una pequeña parte de todo lo que el Padre nos da. Aunque nos parezca que no tenemos nada, hay momentos en que una sonrisa, una mirada, pueden salvar vidas, porque nadie sabe cuándo llega su hora.
Estar dispuestos a aprovechar las oportunidades de descubrir a nuestro prójimo y ponernos a su servicio podría ser un buen lema para esta semana.
Por el hermano Antonio Quaroni.
Categorías: Reflexiones