He venido a prender fuego en el mundo
Queridas hermanas y hermanos,
El evangelio de hoy, Lucas 12:49-56, nos habla de la fuerza transformadora de Jesús, que vino a traer fuego sobre la tierra, un fuego que purifica, ilumina y renueva. Ese fuego no es de destrucción, sino el ardor del amor de Dios que, mediante el Espíritu Santo, enciende la vida y la historia para conducirlas hacia la plenitud del Reino.
Jesús aclara que su misión no es traer una paz aparente, sostenida en silencios, conformismos o indiferencias. Al contrario, su Evangelio desenmascara lo que no corresponde a la voluntad de Dios, cuestiona las injusticias y pone en evidencia las falsas seguridades que esclavizan a las personas y a la sociedad.
Este pasaje nos alerta a discernir los signos de los tiempos y a reconocer la presencia activa de Dios en nuestra historia. El mismo Jesús reprocha a la multitud que saben interpretar el clima, pero no logran discernir el momento presente: el kairos de la salvación que ya está en marcha con Él.
El fuego que Jesús vino a encender sigue ardiendo en cada persona que se abre a la acción del Espíritu Santo. Es el Espíritu quien nos da luz para comprender la historia con ojos de fe, valentía para tomar decisiones firmes según el Evangelio y fortaleza para mantenernos fieles en medio de los desafíos de la vida.
Confiemos, entonces, en el proceso transformador del Espíritu Santo, que enciende en nosotros el fuego de Cristo y nos hace partícipes de la misión de Dios, para que la Buena Noticia siga fermentando en la historia y renovando nuestro mundo con la esperanza del Reino.
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