Oveja y moneda perdida, padre que abraza
El evangelio de hoy se encuentra en Lucas 15:1-10. Frente a la murmuración de los fariseos y maestros de la Ley, Jesús les cuenta tres parábolas: la oveja perdida, la moneda perdida y el padre que abraza y perdona a su hijo. Todas ellas giran en torno a algunos verbos fundamentales: pecar – perder – buscar – encontrar – alegrarse.
Con estas parábolas, Jesús quería mostrar que para Dios nadie está definitivamente perdido. El “pecado” no se entiende solo como hacer el mal, sino como estar fuera del camino de la vida, errar la dirección. Por eso Jesús busca a quienes la sociedad margina o desprecia y, cuando los encuentra, no los condena, sino que los devuelve a la dignidad de hijos e hijas amados.
Lo central no es únicamente “haber estado perdido”, sino el cambio que produce el ser encontrado. Ese encuentro provoca arrepentimiento, entendido como un cambio de pensamiento y de corazón: descubrir que siempre fuimos amados por Dios y que podemos vivir de otra manera.
Este cambio abre el camino a la alegría del reencuentro: la fiesta de Dios y de la comunidad que celebra la vida recuperada.
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