oración

Te vieron y te vimos

Dios de la historia, Padre de nuestro Señor Jesucristo, la fe que nos identifica y que nos congrega hoy aquí nació cuando te vieron niño, pobre entre los pobres, naciendo en un establo de la pequeña Belén.
Cuando te vieron al lado de los dejados de lado acompañando, sanando, bendiciendo y anunciando que para ti los últimos siempre serán los primeros. Cuando te vieron colgado en una cruz cargando los sufrimientos de los sufrientes y las cruces de todos los crucificados de la historia.
Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, imploramos que para consuelo nuestro y de los que sufren, que para esperanza y fortaleza de los corazones cansados y de los ánimos abatidos podamos seguir diciendo y anunciando:

Te vieron y te vimos llorando, con lágrimas de dolor e indignación, entre las víctimas inocentes de la arrasada Gaza y de todos los lugares golpeados fatalmente por la guerra, la violencia y el odio.

Te vieron y te vimos buscando un hueco entre los migrantes que se agolpan en los trenes de la muerte, en las precarias barcazas que cruzan el Mediterráneo, levantando una carpita en los campos de refugiados y criminalizado entre los deportados, como si buscar un lugar para poder vivir fuera un delito.

Te vieron y te vimos en los hospitales acompañando el dolor, susurrando palabras de paz a quienes por vejez o enfermedad les toca despedirse de esta vida y consolando a los desconsolados.

Te vieron y te vimos acongojado junto a las mujeres víctimas de la escandalosa violencia de género y de la espeluznante violencia vicaria.

Te vieron y te vimos protestando por la depredación ecológica, acompañando en silencio las marchas de la memoria y luchando por los derechos de todas y todos.

Te vieron y te vimos jugando y sonriendo con las niñas y los niños de los asentamientos de la pobreza que atraviesan el Tercer Mundo, pensando no sólo en esos niños y niñas pobres, sino también, en los que son víctimas de la riqueza.

Dios nuestro, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que puedan verte y que podamos seguir viéndote entre todas las víctimas, sin distinción de la causa de su dolor, del lugar donde viven o del género que los identifica.

Sí, que podamos verte para que tu presencia sacuda nuestros corazones y conciencias con el llamado a amar, a no aflojar en la fe y en la esperanza, a encarnar actitudes de misericordia y solidaridad, a buscar esa justicia que es propia de tu Reino.

Amén.


Pbto. Raúl Sosa

Categorías: Reflexiones