La pregunta sobre la resurrección
Querida comunidad,
El evangelio de hoy, Lucas 20:27-38 nos revela algo esencial: Dios no es Dios de muertos, sino de vivos, porque para Él todos viven.
Dios es el Dios que acompaña a su pueblo a lo largo de toda la historia, el que sigue siendo “el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob”, porque su amor es más fuerte que la muerte y su fidelidad no tiene fin.
Los saduceos, representantes de una religión sin esperanza, intentan poner a prueba a Jesús con una pregunta absurda. Pero Él les muestra que la vida verdadera no depende de los vínculos humanos ni de las herencias terrenales, sino de la relación viva con Dios, fuente de toda existencia.
La comunidad lucana, que vivía tensiones y dudas muchas décadas después de la resurrección de Jesús, necesitaba reafirmar su fe en ese Dios que no abandona, que sigue haciendo nuevas todas las cosas.
Y hoy, esta Palabra también nos habla a nosotros, como comunidad de fe inmersa en un mundo donde tantas veces parece triunfar la muerte, la violencia o la maldad.
El Evangelio nos recuerda que la vida no se agota en esta tierra, sino que se transforma en comunión plena con Dios, donde todo recobra sentido y plenitud.
Creer en este Dios es animarse a mirar más allá del final, más allá del dolor, más allá del poder de turno. Es confiar en que, donde el mundo ve pérdida, Dios está gestando resurrección.
Porque Dios es, verdaderamente, Dios de vivos.
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