Balance del 2025
Queridas hermanas y queridos hermanos en Cristo:
Al llegar al final de este año, nos detenemos como Iglesia para hacer memoria agradecida delante de Dios. Damos gracias por la vida compartida, por las comunidades que han perseverado en la fe, por cada gesto silencioso y cada compromiso visible que han encarnado el Evangelio en nuestra comunidad.
Este cierre de año coincide, por gracia de Dios, con la apertura de un nuevo tiempo.
Como Iglesia Metodista en el Uruguay hemos iniciado en julio un nuevo período de administración 2025–2029, que asumimos no sólo como una etapa organizativa, sino como un tiempo de discernimiento espiritual y responsabilidad profética. Creemos que Dios sigue llamando a nuestra Iglesia a leer los signos de los tiempos y a responder con fidelidad creativa.
Este camino lo queremos sostener, alentados por el lema de nuestra Asamblea como horizonte teológico y ético:
Busquen primero el Reino de Dios y su justicia
(Mateo 6:33)
Esta palabra de Jesús nos coloca en el centro de la misión: no buscando seguridades propias, sino comprometiéndonos con el Reino que Dios hace crecer en la historia, un Reino inseparable de la justicia, la misericordia y la vida digna para todas y todos.
Desde esta convicción afirmamos, como herencia viva del metodismo, que Dios nos sigue llamando a la acción, a vivir en solidaridad con su gracia divina que nos precede, nos sostiene y orienta, pero que requiere de nuestra respuesta humana concreta. Dios obra en el mundo y nos convoca a cooperar con su acción, poniendo nuestras manos, nuestras comunidades y nuestras estructuras al servicio de su Reino. No somos espectadores del obrar de Dios, sino colaboradores y colaboradoras responsables.
En este marco teológico y espiritual, hemos definido cuatro enfoques que orientarán la conducción de la misión de la Iglesia en los próximos años:
1. Mayordomía
“Ahora bien, lo que se requiere de los administradores es que cada uno sea hallado fiel”
(1 Corintios 4:2)
La mayordomía es un llamado profético a la fidelidad. En un mundo marcado por el consumo, el descarte y la apropiación indebida de la vida y de los bienes, afirmamos que todo lo que somos y tenemos pertenece a Dios. Estamos llamados a administrar con responsabilidad, transparencia y gratitud los dones recibidos: las personas, los recursos, la creación, el tiempo y la memoria histórica de nuestra Iglesia. La fidelidad en lo cotidiano es un acto de justicia ante Dios y ante el pueblo.
2. Evangelización
El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para anunciar buenas noticias a los pobres
(Lucas 4:18)
Evangelizar es anunciar, con palabras y con la vida, que el Reino de Dios está cerca. Es proclamar esperanza en medio del desaliento, dignidad en contextos de exclusión y vida allí donde la muerte parece imponerse. La evangelización que asumimos es encarnada, sensible al sufrimiento, comprometida con las personas concretas y atenta a los clamores de nuestro pueblo. Callar ante la injusticia no es fidelidad al Evangelio.
3. Comunicación
Lo que hemos visto y oído, eso anunciamos
(1 Juan 1:3)
La comunicación es un ministerio profético cuando hace visible lo que Dios está haciendo en medio de su pueblo. En tiempos de fragmentación, desinformación y silenciamiento de voces, comunicar con verdad y claridad es un acto de comunión y de justicia. Estamos llamados a fortalecer los vínculos, a compartir testimonios, a abrir canales que unan comunidades y a dar razón pública de la esperanza que nos anima.
4. Actualización de la misión y de la Iglesia
No se conformen a este mundo, sino transfórmense mediante la renovación de su mente
(Romanos 12:2)
La Iglesia está llamada a revisarse continuamente a la luz del Evangelio. Actualizar la misión y reformular prácticas, estructuras y modelos de trabajo, no es renunciar a nuestra identidad, sino renovarla para servir mejor al Reino de Dios y su justicia. Este llamado exige valentía, discernimiento comunitario y apertura al Espíritu, que sigue haciendo nuevas todas las cosas.
Entramos en este nuevo período con esperanza. Sabemos que el camino no estará exento de desafíos, pero confiamos en el Dios que camina con su pueblo. En esta colaboración viva entre la gracia de Dios y nuestra respuesta fiel, creemos que el Reino seguirá abriéndose paso.
Que al cerrar este año lo hagamos con gratitud, y al comenzar el nuevo, con una esperanza activa y comprometida.
Que el Espíritu Santo nos conceda discernimiento para buscar, por encima de todo, el Reino de Dios y su justicia.
Con fraterno afecto en Cristo,
Junta Nacional de Vida y Misión
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