Jesús reprende a Santiago y a Juan
Queridas hermanas y hermanos:
El evangelio de hoy, Lucas 9:51-62, nos muestra a Jesús en un momento decisivo: ya se acercaba el tiempo de ser llevado al cielo, y con firmeza emprende su camino hacia Jerusalén. Envía mensajeros a una aldea samaritana para preparar su paso, pero no lo reciben por el simple hecho de que iba rumbo a Jerusalén. Ante el rechazo, Santiago y Juan reaccionan como muchas veces lo hacemos nosotros: con enojo y deseos de castigo. Le preguntan a Jesús si pueden hacer caer fuego del cielo. Pero Él los reprende. Definitivamente no es ese el espíritu de su Reino. Luego, en el camino, tres personas se acercan y le expresan su deseo de seguirlo. Pero lo hacen poniendo condiciones. Jesús, con amor y firmeza, les responde: el seguimiento no es a medias. En palabras de hoy, seguirlo implica entrega, compromiso, discipulado y una disposición sincera para dejarnos transformar por el Espíritu Santo.
Seguir a Jesús no es solo decir que creemos en Él, sino decidir vivir como Él vivió. Es encarnar su mensaje en cada paso, en cada gesto, en cada decisión. Es vivir con coherencia, aunque eso incomode. Es cuidar del otro, optar por el camino de la paz, levantar la voz ante la injusticia y sembrar amor donde otros solo ven división. No se trata de ser perfectos, sino de estar disponibles, sabiendo que podemos ser medios de gracia para quienes nos rodean.
Muchas veces, en el camino con Cristo se hace necesario abandonar costumbres, estructuras o vínculos que no hacen bien, que lastiman o niegan la dignidad de otras personas. Seguir a Jesús también es hacer silencio para orar, escuchar con atención, acompañar con ternura, cuidar el alma y no vivir con el corazón dividido. Es abrirle espacio a Dios en medio del ruido y del apuro de cada día.
Jesús nos llama a seguirlo hoy, no “cuando tengamos tiempo”. Nos invita a confiar, a dar pasos de fe, a caminar sin seguridades humanas pero con el corazón puesto en Él. Nos invita a entregarnos por completo en sus manos, sabiendo que su camino, aunque exigente, nos lleva siempre hacia la vida plena y eterna.
Categorías: Reflexiones