Los enviados de Juan el Bautista

Querida comunidad:
Hoy compartimos el Evangelio de Mateo 11:2–12.
Juan el Bautista está preso por haber denunciado la injusticia y la inmoralidad del poder. Desde la cárcel, al oír lo que Jesús hace, se anima a formular la pregunta que atravesaba al pueblo entero:

¿Eres tú el que había de venir o debemos esperar a otro?

Es la pregunta de un pueblo cansado de siglos de opresión, dolor y pérdida de esperanza. Un pueblo que anhelaba un liberador. Para algunos, Jesús despertaba desconfianza; para otros, era la promesa esperada.

Esa misma pregunta resuena hoy, en medio de guerras, injusticias, infancias vulneradas y decisiones que privilegian el dinero sobre la vida y la creación.
Es una pregunta que atraviesa la historia y también nuestro corazón.

Porque el ser humano, creado a imagen y semejanza de Dios, vive con una profunda sed de sentido. Cuando esa sed no encuentra su fuente, aparece el vacío, la angustia y la búsqueda desesperada de respuestas fáciles.
Como decía Emilio Castro: somos incurablemente religiosos. Me atrevo a decir más: somos eternamente dependientes de Dios. Fuimos creados para vivir en comunión con Él.

Como un piano que no se toca se arruina, así nuestra vida espiritual pierde su sentido cuando no vive en sintonía con su Creador.
Solo en Dios encontramos respuestas al dolor, a la lucha interior y al sentido de la vida y de la muerte.

Juan pregunta, y Jesús responde sin discursos, con hechos:

  • los ciegos ven,
  • ⁠los cojos caminan,
  • ⁠los leprosos quedan limpios,
  • ⁠los sordos oyen,
  • ⁠los muertos vuelven a la vida,
  • ⁠y a los pobres se les anuncia la Buena Noticia.
    Y dichoso aquel que no encuentre en Él motivo de tropiezo.

Que en esta tercera semana de Adviento nos animemos, como Juan, a preguntar con honestidad:

¿Eres Tú, Señor, el que había de venir a nuestra vida?

Que, en medio de la espera, del dolor del mundo y de nuestras propias búsquedas, sepamos reconocer los signos de Tu presencia:
vida que se levanta, esperanza que renace, justicia que empieza a abrirse camino.

Que nuestro corazón encuentre descanso en el regazo del Abba, Dios Padre-Madre, y que, renovadas y renovados por Su amor, nuestras vidas se vuelvan anuncio de la Buena Noticia.


Pastora Sandra Dos Santos

Categorías: Reflexiones