Pascua en tiempos de Pandemia

Martes 30 de marzo

En este tiempo de pandemia nos hemos visto en la necesidad de encerrarnos y ver por las ventanas del computador, de la televisión y del celular lo que está sucediendo en el mundo. Ya no interesa únicamente lo que pasa en el país, sino que necesitamos saber lo que está sucediendo en el resto del mundo. Nos hemos visto en la necesidad de incorporar nuevas palabras en nuestro lenguaje cotidiano. Hemos tenido que cambiar nuestras prácticas de saludo e incorporar nuevas expresiones. Es sorprendente cómo las personas se han ingeniado nuevas formas de comunicarse con sus familiares y amigos.

Pese a los encierros y los cuidados que cada uno procura tener, lo cierto es que cada día nos damos cuenta que el virus está mucho más cerca de lo que esperábamos. De la noche a la mañana, nos hemos enterado del contagio o la muerte de algún familiar, algún amigo o algún conocido. Quizás, lo que más ha comenzado a preocuparnos es la incertidumbre. No tenemos claro que puede pasar. Nos gustaría poder escuchar palabras que nos den seguridad y claridad. Pero esto no es posible, ni por parte de los políticos ni de los científicos. Para completar el panorama de incertidumbre, nos hemos visto invadidos por las noticias falsas y los «expertos» de última hora, que dan todo tipo de recomendaciones, desde las más ilusas hasta las más estúpidas. Lo sorprendente, es que muchas veces se toman estas falsedades como verdades.

Los cristianos se han visto en la necesidad de cerrar las puertas de sus templos. Las iglesias han buscado responder rápidamente a los nuevos desafíos que les ha traído la pandemia. Son tantas las iniciativas de las iglesias, que ahora los miembros de las iglesias han encontrado cientos de ofertas virtuales que comienzan a competir con sus fidelidades confesionales. Ha sido tan extraordinario el mundo virtual, para algunos de ellos, que algunos han descubierto que no tienen mucho interés en regresar a las celebraciones presenciales. Ahora tiene una celebración al alcance de la mano, celebraciones express y cultos a la carta. Entre tener que levantarse temprano el día domingo, arreglarse y salir de casa para ir a un culto, ahora desde la comodidad de la cama, con un buen café o un mate, es posible sentarse a escuchar la celebración.

La pandemia ha atravesado dos Semanas Santas, 2020 y 2021 y no estamos seguros si sucederá lo mismo el año próximo. Indiscutiblemente, la pandemia ha traído nuevos desafíos para los cristianos. Todavía no somos conscientes de los cambios que esto traerá para las iglesias. Pero mientras nos tomamos el tiempo para reflexionar sobre estos efectos, me parece oportuno retomar un texto del evangelio, en el que quizás hemos pasado desapercibido un pequeño detalle muy importante para los cristianos en este tiempo. Los cristianos comenzamos la Semana Santa con la entrada de Jesús a Jerusalén. Nuestras reflexiones sobre el pasaje, Marcos 11:1-11 ha sido titulada por una versión de la Biblia: Entrada Triunfal a Jerusalén. Celebramos la acción de Jesús y las expresiones del pueblo que con alegría dice:

¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!

Sin lugar a dudas, son exclamaciones muy hermosas y emotivas que expresan los anhelos de justicia de los pobres y excluidos. De este hermoso relato, hay un pequeño detalle que hemos pasado casi inadvertido, sin darnos cuenta hemos quedado atrapados en la multitud y en las hermosas exclamaciones. Pero curiosamente, el relato termina diciendo:

(…) y habiendo mirado alrededor todas las cosas, como ya anochecía, se fue a Betania con los doce.

Marcos 11:11

Podemos encontrar varias explicaciones que nos ayudan a comprender porque Jesús sale de Jerusalén. Podría ser porque no había alojamiento para tanta gente en Jerusalén y las personas tenían que quedarse en los lugares cercanos, podría ser porque Jesús teme que esa noche sea «atrapado» por los soldados por orden de los sacerdotes de Jerusalén.

Efectivamente todas estas explicaciones son posibles; sin embargo, al leer el evangelio con detenimiento nos damos cuenta que Jesús hace todo lo posible por no permanecer mucho tiempo en Jerusalén. Más aún, contemplando Jesús a Jerusalén ha dicho a sus seguidores, quizás con absoluta tristeza y una profunda angustia:

37 ¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los mensajeros que Dios te envía! (…)

Mateo 23:37

Jeru-salem, la ciudad de la paz, se ha convertido en el centro de la violencia.

En el camino a Jerusalén se encuentra Betania, un lugar que está dentro de los preferidos por Jesús. En más de una ocasión, Jesús se quedó en esta pequeña ciudad. Es un lugar que le genera tranquilidad y seguridad. Pero quizás lo más importante, es que allí vive una familia muy querida para Jesús: Marta, María y Lázaro. Así que salir de Jerusalén y volver a Betania, es encontrarse con las amigas y los amigos. Son ellos los que se convierten en una red de apoyo en los momentos más duros que tiene que afrontar Jesús. ¿Con quién más podemos afrontar nuestras angustias y tristezas que invaden la profundidad de nuestro corazón, que no sean nuestros amigos y familiares? Las amigas y los amigos de Jesús en Betania se convierten en el ungüento que necesita su vida en este momento de dolor y de angustia.

Jesús entra al templo y mira todo lo que hay a su alrededor, y quizás un escalofrío se apodera de todo su cuerpo. Detrás de los gritos de:

¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!

escondida en el tumulto, desapercibida por los peregrinos se encuentra la risa macabra de los poderosos que anhelan la muerte! No le es posible huir, por más que lo quisiera, solo le resta unas horas, que él decide compartir con sus amigos y amigas en Betania.

En estos tiempos de incertidumbre, de miedo y de angustia, quizás como Jesús, es bueno contar con la red de amigos y familiares que confortan el alma y la vida.

 


Pastor Jairo Alfredo Roa-Barreto

Categorías: Reflexiones