Durazno cantó por la paz

A pesar del cielo amenazante y los pronósticos meteorológicos, la Iglesia Metodista en Durazno abrió sus puertas el sábado 1 de agosto para recibir a una comunidad que llegó con ganas de encontrarse, compartir y cantar por la paz.

La propuesta reunió al Taller de Canto de la Asociación de Jubilados y Pensionistas de Durazno, la Orquesta Sinfónica Infantil y Juvenil de Durazno, a Carmen Olivera, Heber Sousa y al Coro de Adultos del Instituto Crandon. La tarde estuvo atravesada por la música, pero también por el encuentro entre generaciones, comunidades y personas que volvieron a encontrarse en un templo que volvió a llenarse de vida.

La convocatoria había nacido con una invitación sencilla: que la música pudiera reunir, inspirar y ayudar a sembrar esperanza. Y la respuesta fue una iglesia colmada de personas que disfrutaron de las distintas presentaciones y compartieron una merienda preparada, en parte, por jóvenes que estudian gastronomía en la Obra Ecuménica Barrio Borro (OEBB).

También participaron jóvenes del Hogar Amanecer, quienes colaboraron durante la jornada en distintas tareas. De este modo, el encuentro se convirtió también en una oportunidad para compartir responsabilidades y fortalecer los vínculos que sostienen la vida comunitaria.

La presidenta de la Iglesia Metodista en el Uruguay destacó la emoción que atravesó la jornada: “Realmente todos estaban muy emocionados, unos por volver a ver el templo lleno, otros por verlo abierto y entrar; por poder tener un público para compartir su música; por volver a cantar; por ver a los/sus niños tocar violín, flauta, batería en una orquesta; por saber que las delicias que comíamos fueron realizadas por los jóvenes que estudian gastronomía en la OEBB; por ver a los jóvenes del Hogar Amanecer interactuando, sirviendo el lunch; por el buen ambiente; porque fuera por la paz. Muchos motivos para emocionarse y agradecer al buen Dios por este encuentro musical”.

Por la comunidad local, Luján Rodríguez también compartió su valoración de la actividad: “La verdad es que me encantó. Precioso los coros y la orquesta juvenil. Salió todo como se pensó: la iglesia colmada de gente, se disfrutó de la música y también el reencuentro con conocidos que se alegraron por el evento”.

En tiempos en los que hablar de paz puede parecer una tarea enorme, la comunidad metodista encontró una manera concreta y cercana de hacerlo: abrir las puertas, encontrarse, escuchar, cantar y compartir. La música se volvió así una forma de celebrar la vida comunitaria y, al mismo tiempo, una expresión de esperanza y compromiso con la paz.

La jornada dejó la certeza de que, aun en medio de las dificultades y de un clima que invitaba a quedarse en casa, siempre hay razones para encontrarse. Y que una iglesia abierta, una comunidad reunida y muchas voces cantando juntas también pueden ser una manera de sembrar paz.

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