Un mensaje desde Belén, contra toda desesperanza

por María Landi

 

Siempre que llega el tiempo de Navidad recuerdo las que he pasado en Belén, y extraño particularmente a mis amigas y amigos cristianos palestinos, esos grandes olvidados e incomprendidos por las iglesias de Occidente. Cuando empiezan a llegarme las imágenes de las callejuelas del barrio antiguo y la plaza del Pesebre decoradas para recibir a peregrinos/as de cerca y de lejos, me inunda una mezcla de nostalgia y compasión al ver cómo, en medio de tantas adversidades, la población de Belén –cristiana y musulmana por igual− se esfuerza por recordarle al mundo que allí comenzó la historia de Navidad.

Ese recuerdo se activa, además, porque cada diciembre el movimiento ecuménico Kairós Palestina[1] realiza en Belén su encuentro nacional e internacional para conmemorar un nuevo aniversario de su llamamiento a las iglesias y comunidades del mundo −lanzado en diciembre de 2009− para que les ayudemos a luchar contra la ocupación y colonización de su tierra.

Por razones quizás culturales o lingüísticas, el llamado de Kairós Palestina (KP) ha sido mejor escuchado y respondido por las iglesias del mundo anglosajón, sobre todo protestantes −a pesar de que uno de los fundadores y líderes espirituales del movimiento es el Patriarca católico Michel Sabbah (ex Presidente de Pax Christi internacional)−. Precisamente es en la meca del cristianismo sionista, Estados Unidos, donde el llamamiento de KP ha suscitado mayor adhesión. Además de existir una organización hermana (Kairós USA), cada año nuevas iglesias o comunidades de fé en ese país declaran su solidaridad aprobando medidas de boicot o desinversión contra compañías israelíes o multinacionales que lucran con el statu quo, tal como nos piden nuestras hermanas y hermanos de Palestina −que integran el movimiento BDS junto a decenas de organizaciones de la sociedad civil palestina−.

“Occidente no nos comprende”

Hace un par de años, estando en Madrid, me invitaron a compartir mi experiencia en Palestina con un grupo de jóvenes católicos/as que estaba en un retiro de formación y sensibilización. Cuando les pregunté si sabían en qué idioma rezan las cristianas y cristianos en Palestina, se hizo un gran silencio. Nadie supo decir: “En árabe”. Ese silencio resume para mí el desconocimiento que existe en nuestras iglesias sobre esa comunidad cristiana autóctona, la más antigua del mundo. Y que persiste aún entre quienes visitan Tierra Santa según el esquema tradicional (a menudo controlado por Israel), que nunca incluye encuentros con quienes se consideran “piedras vivientes” y herederos directos de los seguidores y seguidoras de Jesús de Nazaret.

Esa indiferencia, ignorancia o incomprensión de las iglesias occidentales hacia la situación de la comunidad cristiana palestina es perfectamente funcional a los intereses del régimen israelí y del movimiento sionista mundial, que instrumentaliza la religión –como viene haciendo desde su misma fundación− para presentarse como el baluarte que defiende el “mundo libre” (occidental y judeocristiano) del avance del Islam bárbaro.

Pero la narrativa de las y los cristianos palestinos desmiente ese relato falaz, al denunciar que la persecución, represión y negación de derechos fundamentales del régimen israelí hacia la población palestina no distingue entre musulmanes o cristianos, y les afecta por igual. Las comunidades y familias cristianas también sufren el bloqueo y los bombardeos en Gaza, el robo de tierras, el avance del Muro, la violencia de los colonos invasores, la destrucción de viviendas, árboles y cultivos, el laberinto de carreteras segregadas y sistemas kafkianos de permisos y documentos de identidad que limitan su libertad de movimiento, de residencia, de matrimonio, y también religiosa[2]. Porque antes que cristianas o musulmanas, son palestinas. Y el proyecto sionista se propuso, desde hace un siglo, acabar con la presencia árabe en toda la tierra histórica de Palestina.

Por eso cuando las iglesias occidentales manifiestan su preocupación ante el peligro de que la presencia cristiana en la Tierra Santa donde nació y murió Jesús desaparezca[3], la respuesta de las y los cristianos palestinos es que la forma de impedirlo y de revertir la tendencia es poner fin a la ocupación israelí. Porque, como repiten una y otra vez, la razón de la constante emigración cristiana de Palestina no es la supuesta persecución musulmana (una mentira desparramada por Israel y muy cara a las derechas islamófobas occidentales), sino la imposibilidad de realizar una vida digna y plena, en libertad y justicia, en su propia tierra. Y, como me dijo una vez un pastor anglicano palestino:

“Los cristianos occidentales creen que nos ayudan facilitándonos la emigración, en lugar de ayudarnos a permanecer en nuestra tierra”.

No me imagino a esta tierra sin su población cristiana, me dijo también hace unos años el director de un centro cultural en el campo de refugiados de Aida, en las afueras de Belén. Yo, como musulmán, no puedo imaginar que no haya más cristianos en Palestina. Y cualquiera que haya estado en Palestina durante las festividades cristianas puede darle la razón: las familias musulmanas visitando la Iglesia de la Natividad, o junto al árbol de Navidad y el pesebre en la plaza de Belén (y en las ciudades de tradición cristiana, como Nazaret, Ramala o Nablus); las jóvenes con gorritos de Santa Claus colocados sobre sus hijabs; los desfiles de las agrupaciones de scouts con sus estandartes, gaitas y tambores por las avenidas; la procesión llevando el Fuego Santo el día de Pascua por el centro de la ciudad; son todas celebraciones colectivas que la población palestina –tanto cristiana como musulmana− vive como una afirmación de su identidad nacional.

Y sin embargo, cuesta mucho hacer entender de quiénes son víctimas las y los cristianos de Palestina. Más aún, esa falsa creencia de la amenaza musulmana se afianzó al calor de fenómenos regionales como el Daesh/ISIS. Aunque sus víctimas son comunidades de diversos orígenes étnicos y religiosos, y sobre todo musulmanas, el discurso sobre las minorías cristianas perseguidas por la mayoría musulmana ha prendido en círculos conservadores con agendas más políticas que religiosas, que ¿deliberadamente? hacen a un lado la historia de convivencia pacífica y tolerancia entre ambas religiones en lugares como Siria o Palestina[4].

Hacia el Año Kairós

El 9° aniversario de Kairós Palestina, titulado “Esperanza donde no hay esperanza”, reunió este año a 300 personas en Belén (200 palestinas y 100 internacionales). La declaración final del encuentro califica la actual coyuntura como “tiempos calamitosos”, y menciona como puntos más críticos:

– Jerusalén está siendo forzada a una judaización exclusiva y excluyente, negando la identidad de sus demás habitantes (especialmente tras el traslado de la embajada de Estados Unidos).

– La nueva ley constitucional del Estado Nacional Judío oficializa a Israel como un régimen etnocéntrico y de apartheid, que sólo reconoce a la población judía el derecho a la autodeterminación.

– El bloqueo prolongado a Gaza y el castigo colectivo de su población han creado una crisis humanitaria sin precedentes.

– Estados Unidos se unió a Israel para negar el derecho al retorno, retirando su apoyo económico a la población palestina refugiada (incluyendo el recorte de fondos de la UNRWA).

– El aumento del robo de tierras y la demolición de propiedades palestinas. Israel está estrechando el control incluso sobre las iglesias y organizaciones cristianas mediante pretextos fiscales impredecibles, con el objetivo de garantizar a perpetuidad la propiedad judío-israelí del suelo.

Y afirma: “¡Esto es el apartheid! Hemos venido señalando estos signos de injusticia. Israel está institucionalizando su superioridad etno-religioso-céntrica. Está allí para que todos lo vean. No se puede negar.”

La declaración hace un llamamiento a que 2019 sea un año Kairós para la comunidad cristiana mundial y los grupos de justicia y solidaridad, en el que se intensifiquen los esfuerzos y las acciones en favor del pueblo palestino. “Les pedimos oraciones, protestas pacíficas, decisiones costosas orientadas por la justicia, boicots, desinversión y medidas de sanción, visitas de solidaridad (“Vengan y vean”) con el compromiso de “Ir y contar”, rechazo a las teologías pro-apartheid, e incidencia sobre los gobiernos.” La propuesta es lanzar el Año Kairós el 15 de mayo (conmemoración de la Nakba) y llegar a su pico el 29 de noviembre (Día Internacional de Solidaridad con Palestina), culminando en diciembre con el 10° aniversario de Kairós Palestina.

A su vez, en la conferencia de apertura del encuentro, su Coordinador Rifat Kassis enumeró los desafíos que el movimiento tiene por delante, tanto a nivel nacional como internacional. En otras palabras, lo que la comunidad cristiana palestina espera y necesita de sus hermanos y hermanas en todo el mundo.

A nivel nacional, Kassis señaló la importancia de fortalecer las relaciones:

  • con la Coalición Nacional de Organizaciones Cristianas de Palestina, a fin de trabajar para preservar la presencia cristiana en Tierra Santa (vital si se quiere preservar el tejido social y el pluralismo);
  • con otros sectores religiosos, como en Gaza (donde hay un grupo musulmán de apoyo al movimiento KP) y en Nablus, donde se está trabajando con las comunidades musulmana y samaritana;
  • con las organizaciones seculares de la sociedad civil, particularmente la Red de ONGs Palestinas y el Consejo de Organizaciones Palestinas de Derechos Humanos;
  • con la Universidad Al Najah de Nablus, para preparar la conferencia internacional “El cristianismo en el mundo árabe: Palestina como modelo”, que tendrá lugar en marzo de 2019;
  • para presentar el libro “Introducción a la teología palestina” en varios lugares (destacando el éxito de haberlo presentado en la universidad Al Najah, la más grande del país y mayoritariamente musulmana).

 

A nivel internacional, los desafíos son, según Kassis:

  • Profundizar y desarrollar el diálogo teológico con iglesias, centros y teólogos/as de diferentes partes.
  • Continuar publicando los alertas de Pascua y Navidad para resaltar la situación de Jerusalén y Belén y de sus habitantes.
  • Expandir la red Kairós por la Justicia Global, en particular hacia el Sur Global.
  • Fortalecer el movimiento BDS trabajando con más iglesias, rechazando a teólogos e iglesias cómplices del Apartheid.
  • Fortalecer las iniciativas “Vengan y Vean” para visitar y conocer la realidad palestina.
  • Trabajar en alianza con el movimiento “Cristo en el Checkpoint[5]” para llegar a las y los cristianos evangélicos.

Quizás este tiempo de Navidad es propicio para dejarnos interpelar por este llamado, y empezar a  preguntarnos de qué manera podemos responderlo para contribuir a que algún día la Paz con Justicia llegue por fin a esa Tierra Santa. Porque como afirma la declaración final del encuentro de KP 2018:

“No puede haber Tierra Santa sin el cristianismo; y no puede haber iglesias sin sus ‘piedras vivas’. Es responsabilidad de todos y cada una/o de los cristianos del mundo abrazar la misión de mantener una presencia cristiana palestina viable y vibrante en la Tierra Santa, para (…) salvaguardar el lugar donde nació el cristianismo. Tenemos un mensaje, y es un mensaje de esperanza, de que Dios está abriendo un futuro. Dios puede y quiere hacer nuevas todas las cosas”.

 


[1] En palabras de Riffat Kassis (co-fundador y coordinador de KP), “Kairós es un movimiento social, es parte del movimiento de liberación palestino y de la lucha por su dignidad y su autodeterminación. Es un movimiento de resistencia cristiano y creativo”.
[2] Este año, nuevamente, las familias cristianas de Gaza se ven impedidas de visitar Belén en Navidad debido a las arbitrarias prohibiciones israelíes, como denunció recientemente el párroco católico Mario da Silva. Del mismo modo, a miles de cristianos/as de Gaza y Cisjordania se les niega el permiso de entrar en Jerusalén durante la Semana Santa.
[3] Las personas cristianas son menos del dos por ciento en Palestina, y la tendencia es que sigan disminuyendo.
[4] Una convivencia que incluía también a la otra religión monoteísta: el judaísmo, antes de la llegada del sionismo.
[5] Una iniciativa de evangélicos palestinos que, a través de reflexiones y encuentros internacionales bianuales, busca sensibilizar y educar a las iglesias evangélicas –principalmente de EE.UU.– sobre la realidad que viven las comunidades cristianas palestinas bajo el régimen israelí, contrarrestando la teología del cristianismo sionista.

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