El Crecimiento de la Iglesia primitiva

 por Juan Gattinoni

El crecimiento de la Iglesia primitiva fue muy importante, no tanto por el testimonio del martirio o de la capacidad de predicación de la palabra evangelizadora, sino porque su misión se desarrolló a través de la formación de redes asociativas que abarcaron una amplia gama de personas marginadas socialmente por el imperio romano, en su defensa por la ciudadanía y por la vida. El objetivo de este trabajo, en esta línea de misión, es identificar cuáles fueron algunos de los elementos litúrgicos que coadyuvaron a la integración de los excluidos.

La historiografía, por cierto, no relata lo que sucede con esclavos y libertos, mujeres y niños. La gran mayoría anónima de aquellos tiempos no merece la atención de pensadores y filósofos. Los teólogos y apologétas nos hablan de doctrina, pero no de la gente. Eduardo Hoornaert, en “As comunidades cristas dos primeros séculos” nos ayuda a ver que si la Iglesia crecía en estos tiempos, lo hacía a partir de la incorporación de la gente marginada del imperio: esclavos, gladiadores, mujeres, niños, etc. Para el 80% de la población del Imperio la vida era trabajo, sufrimiento y violencia. La vida de los esclavos, que era la gran mayoría de la población, no superaba los 25 años de edad promedio. Sólo el 4% de los hombres superaba lo 50 años, y el porcentaje en mujeres disminuía en razón de los peligros del parto.

El suicidio en soldados y gladiadores, la muerte temprana en esclavos por salud o por mano de los amos, hacían de la muerte un tema central para la mayoría de la gente; y la vida algo con poco sentido o poco futuro.

La esclavitud era la cosa más natural del mundo. Así también la pobreza y la miseria. El cristianismo no se propone abolir la esclavitud, sino hacer que las personas puedan pensar de una manera diferente y generar grupos, comunidades, capaces de contener a los excluidos y marginados. En este sentido, el Derecho Romano, y aún cuando el cristianismo era perseguido, permitía la figura de agrupaciones en colegios o confraternidades de gente perteneciente a un mismo nivel u oficio. Los cristianos adhirieron con entusiasmo a esta propuesta de colegios, cuyos objetivos estaban orientados generalmente hacia los banquetes (la comida) y la dignidad de la sepultura.

El cristianismo surge en las grandes ciudades y es desparramado por los soldados a lo largo y ancho del Imperio, como sostiene Wegman. Esto implica que hubo mucha movilidad entre comunidades y era común la llegada de extranjeros a las mismas, haciendo del ejercicio solidario una característica entre los cristianos, especialmente en los tiempos de grandes persecuciones.

La Iglesia primitiva desarrolla durante los tres primeros siglos un amplio servicio en el campo social y humanitario, conteniendo viudas y huérfanos, liberando esclavos, recibiendo extranjeros, cuidando enfermos, dando de comer a los necesitados, dando sepultura a los muertos pobres, educando y haciendo tomar conciencia de la necesidad de cambiar de vida, mostrando una actitud y una ética coherente con los valores que predicaba.

Seguramente hay una gran cantidad de razones que explican el gran crecimiento que tuvo el cristianismo a partir del tipo de misión que desarrolló. Observo solamente tres, sin pretender ser exhaustivo. Así mismo recojo algunas de las expresiones litúrgicas provenientes de los documentos más antiguos que animan y ayudan a que estos valores se concreten.

  1. Defensa y dignidad de la vida (en contraposición a tanta muerte)

“Yo he venido al mundo para que tengan vida y vida en abundancia” dijo Jesús. (Jn 10:10)

La Didaqué hace un énfasis importante en los dos caminos: vida y muerte. Elige y enseña el camino de la vida. Presenta el respeto por los esclavos y el buen trato. En la oración de antecomunión afirma la gratitud por la vida.

La Tradición apostólica resalta el valor de la Sangre de Jesucristo y que no debe caerse ni una gota preciosa de ella del cáliz en la Eucaristía. Y dice: “serás culpado de la sangre como quien desprecia el precio por el cual fue comprado”. Estas palabras están directamente relacionadas a la vivencia de los esclavos que son liberados (comprada su libertad).

También la Tradición apostólica afirma que “no hay dificultad para enterrar al prójimo en el cementerio, pues estos pertenecen a todo pobre” Dice que no se imponga ninguna tasa. Esto es un esclavo, un gladiador, un soldado, mujer o niño debe ser enterrado con dignidad.

Justino fue uno de los perseguidos y murió mártir. Para él, la celebración eucarística “trae a nuestra carne el poder de la inmortalidad, operando la transformación de nuestros cuerpos”.

Etéria en su testimonio nos muestra el deseo de capacitar al pueblo en la fe, a través de lecturas apropiadas y predicaciones tanto del obispo como de los presbíteros.

Cirilo, en la Quinta Catequesis mistagógica cuando analiza el Sursum Corda, “cuando damos gracias hacemos algo digno y justo. Él nos benefició no con justicia, sino que más allá de toda justicia, nos hizo dignos de grandes bienes”.

  1. Sentido de pertenencia a la comunidad y protección mutua (en contraposición a lo descartable de los esclavos y los excluidos del Imperio)

“Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones. (…) Todos los que habían creído estaban juntos y tenían en común todas las cosas: vendían sus propiedades y sus bienes y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno” Hechos 2:42-45

La Didaqué afirma el bautismo, puerta de integración a la comunidad de fe y participación de la Eucaristía. En la oración dentro de la liturgia eucarística insiste en la unión de la Iglesia en la perfección del amor. El sentido y ejercicio de reconciliación es exigido antes de la comunión. La Tradición apostólica nos trae en la liturgia eucarística la afirmación “y obteniendo para Ti un pueblo santo” que remite a 1° Pedro 2:9-10

“Pero vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable. Vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, ahora sois pueblo de Dios; en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, ahora habéis alcanzado misericordia.”

El ministerio tenía su orden y jerarquía, pero había distintas posibilidades de que cualquiera participara en distintos roles: obispos, presbíteros, diáconos, confesores, viudas, lectores, vírgenes, subdiáconos, y hasta los que tenían don de cura.

El cuidado y dedicación a los catecúmenos, tal como nos recuerda la Tradición apostólica era sin duda una convocatoria a pertenecer a una comunidad contenedora. También afirma que los diáconos y subdiáconos visiten a los enfermos.

Para Justino la eucaristía es la “fuente de amor de los hermanos, que lleva a la práctica la caridad desinteresada y constituye el fundamento de la unidad de la Iglesia”. Según su testimonio los alimentos eucaristizados son llevados a los ausentes, y quienes pueden ofrendan para que quien preside distribuya entre las viudas y huérfanos, los enfermos, los que se encuentran en prisión, los extranjeros de paso, en otras palabras para todos los que padecen necesidad.

El testimonio de Etéria nos relata toda la participación y movilidad del pueblo rememorando los hechos sacrificiales de Jesucristo. Es notable ver la exigencia de participación y al mismo tiempo el cuidado registrando los momentos en que el pueblo tiene que descansar. También Etéria nos da un amplio testimonio sobre todo el proceso de bautismo en el que se detalla el cuidado del obispo, el acompañamiento de la comunidad, los padrinos y madrinas, y la bendición constante de los catecúmenos.

Cirilo nos trae las intercesiones en la celebración eucarística recordando a los que sufren y también a los que “adormecen” (fallecidos). La víctima propiciatoria por el bien de todos ellos es Cristo.

  1. Comensalidad (en contraposición al hambre y la miseria impuesto por el Imperio indiferente)

La actitud de Jesús de comer (invitar/compartir) con pecadores, cobradores de impuestos, excluidos e impuros (Mc 8:1-10) marca una gran diferencia con la propuesta judía y por cierto con la realidad impuesta por el Imperio Romano. Los pobres, los esclavos, soldados, gladiadores, mujeres, niños, son incluidos.

Y sus seguidores tomaron este espíritu de “comensalidad” según nos relata Hechos 2:46

“Perseveraban unánimes cada día en el Templo, y partiendo el pan en las casas comían juntos con alegría y sencillez de corazón”

La Didaqué enfatiza el recibir a apóstoles y profetas, aún los caminantes en actitud solidaria y respetuosa, así como participar de la Eucaristía (Cena del Señor) en actitud de reconciliación y amor mutuo.

La Tradición apostólica nos cuenta de la liturgia de Ágape. Señala que háganlo de modo que todos coman lo suficiente y para que nadie que hayas invitado pueda dejar de enviar algo a quien desea, señalando el espíritu integrador y comunitario del rito.

Para Justino la liturgia del día del Señor es una reunión de la comunidad donde el intercambio de bienes y la distribución para los necesitados son esenciales.

Cirilo: las cosas santas para los santos. La eucaristía era para todos aquellos que eran dignos de recibir el Espíritu Santo. Vale afirmar que todos aquellos a quienes el Imperio marginaba, en este ámbito, eran tratados de santos.

 

Bibliografía

  1. HOORNAERT, Eduardo. As comunidades cristãs dos primeros sécalos. In: PINSKY, Jaime, Carla Bassanez (orgs.) Historia da cidadania. São Paulo: Contexto, 2003, p.81- 95.
  2. WEGMAN, Herman A.J. Christian Worship in east and west: a Study Guide to Liturgical History. Collegeville, Minnesota: Pueblo Publishing Company, 1985 (1976)
  3. Didaqué. In: ZILLES, Urbano (trad.) Didaqué: catecismo dos primeros cristãos. Petrópolis: Vozes, 1978, 15-17. (Fontes da catequese, 1). La Doctrina de los Doce Apóstoles. In: RUIZ BUENO, Daniel. Padres Apostólicos. 5° ed., Madrid: EDICA, 1985, p.77-94 (Biblioteca de Autores Cristianos)
  4. HIPÓLITO. Tradição apostólica. In: NOVAK, María da Glória (trad. e notas); GIBIN, Maucyr (intr.). Tradição Apostólica de Hipólito de Roma: liturgia e catequese em Roma no século III. Petrópolis: Vozes, 1971, p. 28-83 (Fontes de catequese, 4).
  5. ETÉRIA. Peregrinação. In: NOVAK María da Glória (trad., intr., notas). Peregrinação de Etéria: liturgia e catequese em Jerusalem no séc. IV. Petrópolis: Vozes, 1971, p. 80-125 (Fontes de catequese, 4).
  6. Cirilo de Jerusalem. Catequesis Mistagógicas. In: VIER, Federico. Catequesis Mistagógicas: São Cirilo de Jerusalem. Petrópolis: Vozes, 1977, p. 20-52. (Fontes de catequese, 12)

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